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Blog cuando cambiar la almohada

Cuando cambiar la almohada

¿Cada cuánto hay que cambiar la almohada para seguir durmiendo bien?

La comodidad y el confort de la almohada tienen fecha de caducidad

Quizás no recuerdes cuándo fue la última vez que cambiaste la almohada. Si esto es así, lo más probable es que necesites hacerlo ya. Como ocurre con el colchón, es necesario renovarla cada cierto tiempo para que podamos descansar bien.

Muchas personas pueden estar durmiendo en la almohada incorrecta (para ellos), como lo indica la mala calidad del sueño. Según estudio, más del 50% de las personas reconocen tener un mal sueño y un deficiente descanso.

Y es que una almohada obsoleta no solo perjudica nuestra calidad del sueño, sino que puede afectar a nuestra salud en general porque dormir con una que no es la adecuada afecta a la cabeza y el cuello.

Las cinco señales que nos dicen que debemos cambiar la almohada

Aunque no hay una norma estricta sobre cuándo cambiarla, la mayoría suelen tener una vida útil de unos dos años, inferior que la de un colchón (que se sitúa en los diez años), según la Sleep Foundation.

Una buena almohada es aquella que nos sostiene la cabeza y el cuello y nos permite permanecer en una posición neutra mientras dormimos. Mientras que las que están hechas de látex o plumón suelen durar más, las de materiales como la espuma viscoelástica necesitan reemplazarse con más frecuencia.

Es fundamental cambiarla cuando empiezan a aparecer signos de desgaste. Algunas de estas señales suelen ser:

-Empiezan a aparecer manchas amarillas, pese a lavarla. Estas manchas pueden deberse a los aceites corporales, la humedad (incluido el sudor, la saliva, el cabello mojado, etc.)
-Es más plana de lo normal y puedes doblarla por la mitad. Si al hacerlo, permanece doblada, es hora de despedirnos de ella y comprar una nueva.
-Aparecen bultos.

Otra buena manera de saber si tienes que cambiar la almohada es escuchar tu cuerpo:

– Es menos cómoda y tienes dolor de cuello y de cabeza regulares.
– Aparecen síntomas de alergias como estornudos, congestión, picor de garganta, secreción nasal, erupciones cutáneas o dificultad para respirar durante la noche.

¿Por qué nos recomiendan reemplazarlos como máximo a los dos años? Porque absorben el aceite corporal, las células muertas de la piel y el cabello, sudor, saliva, etc., y todo ello puede crear un ambiente perfecto para los ácaros de polvo. Lavar las almohadas y las fundas puede eliminar el olor, pero no siempre los alérgenos.

Cómo cuidar la almohada para que dure más

No hay una sola almohada que sirva para todo el mundo. Hay varios factores que debemos tener en cuenta a la hora de elegir una:

Nuestra posición al dormir: si lo haces boca abajo es mejor una almohada más suave y plana que si lo haces de lado. Pero si es demasiado plana o esponjosa puede hacer que la columna esté completamente desalineada, lo que puede perjudicar al cuello y a la espalda en general.

Nuestro peso corporal: cuanto más pesa una persona, más alta debe ser la almohada. También influyen otros factores, como la posición al dormir y la firmeza de la almohada. El peso corporal solo no debe usarse para elegir la almohada.

La firmeza: este parámetro afecta a cómo sostiene la cabeza. Si es extremadamente suave, se hundirá cuando reposemos la cabeza sobre ella.

El precio: este viene determinado sobre todo por el material con el que está hecha. En la mayoría de los casos, suele relacionarse el precio con la calidad.

El material: hay varios tipos de relleno, como el plumón, la viscoelástica, el látex, etc. Un estudio encontró que las personas que usan almohadas de látex, poliéster o espuma tienen una mejor calidad del sueño, mientras que el uso de las de plumas se asocia a más dolor de cuello.

Como reconoce la Sociedad Española del Sueño (SES), existe mucha controversia sobre cuál debe ser el diseño, el material y el contenido ideales de una almohada. Lo que sí admiten es que las almohadas muy altas y las de plumas no son recomendables y que es mejor optar por una ergonómica para evitar molestias en el cuello y en la espalda.

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